Fracaso escolar
¿Son los niños españoles menos inteligentes?
Un hecho: uno de cada cuatro niños en España fracasa en sus estudios, con los consiguientes problemas síquicos que acarrea. Frente a Europa, el índice español de fracaso (28,3%) sólo es superado por Portugal, con un 45,2%. Una causa; los niños españoles son menos inteligentes: Una respuesta: NO rotundo. Es la que ofrece la experta Marta Eugenia Rodríguez de la Torre, en su libro ‘Stop al fracaso escolar’, y con la que hoy tendremos ocasión de hablar
Marta Eugenia Rodríguez de la Torre, experta en inteligencia y aprendizaje desmonta en su libro ‘Stop al fracaso escolar’ (Grijalbo) las tesis que achacan exclusivamente a los alumnos, a una supuesta ‘vaguería congénita’ el fracaso escolar.
Marta Eugenia sabe de lo que habla; sus padres descubrieron que era superdotada, pero su rendimiento en el sistema escolar español, era malo: “crecí, como tantos otros niños (superdotados o no) en el aburrimiento de una educación hostil en la que la creatividad se tachaba de extravagancia y la curiosidad de enfermedad” . Pocas personas podrán afirmar no haber sentido esa sensación alguna vez.
Superdotados y bajo rendimiento escolar
Aunque resulte paradójico, el fracaso escolar puede ser consecuencia de una elevada inteligencia. Así se desprende de las estadísticas.La Organización Mundial de la Salud considera superdotada a aquella persona con un coeficiente intelectual por encima de los 130 puntos. En España, se calcula que alrededor del 2 por ciento de la población escolar es superdotada, lo que significa que uno de cada 25 niños puede serlo. Es decir, en cada clase puede haber al menos uno de estos alumnos. Sin embargo, a pesar de su inteligencia, el 66 por ciento de los superdotados tiene un bajo rendimiento escolar, que, en muchos casos, llega incluso al fracaso, según datos de los últimos estudios internacionales. A los tres años, Iván hacía perfectamente su cama y le ponía el desayuno a sus padres, pero jugaba solo en el colegio. A los siete, dividía, multiplicaba y sacaba decimales de cabeza, mientras sus amigos jugaban al fútbol o al baloncesto. El pasado mes de mayo, su madre, aconsejada por varios psicólogos, le inscribió en clases de ajedrez. Quince días después ganaba su primer torneo. Ahora, a los ocho años se prepara para competir en el campeonato de Toledo mientras estudia Tercero y Cuarto de Primaria en un centro concertado de Talavera de la Reina. Sus padres comenzaron a preocuparse cuando vieron que Iván perdía el hábito de estudio, se aburría y no se relacionaba con el resto de los niños de su edad. «Era muy inteligente, por eso no entendíamos que no fuera expresivo o que se aburriera», explica su madre, María Teresa Iglesias. «Pero, lo que en principio fue un motivo de satisfacción, se convirtió en una pesadilla por la falta de atención que existe para estos niños. Hay recursos para los niños con deficiencias, pero muy pocos para los superdotados».
Iván, que tiene un coeficiente intelectual de 160 puntos es un claro ejemplo de niño superdotado: no les gustan los deportes de mayorías; sus aficiones preferidas son la lectura, el dibujo o hacer puzzles; se relacionan mejor con niños más pequeños o más mayores; suelen ser desobedientes, vulnerables al fracaso y al rechazo de sus compañeros.
Trastornos emocionales y del aprendizaje
Podemos hablar de fracaso escolar cuando el alumno no consigue los objetivos propuestos para su nivel y edad y existe un desaprovechamiento real de sus recursos intelectuales. Esto suele tener como consecuencia una actitud negativa ante el aprendizaje. Muchas son las causas que pueden originar un fracaso escolar. Las más reseñables son los trastornos de aprendizaje y los trastornos emocionales. Las cifras varían según los diferentes estudios, pero se puede decir que sólo un 2% de los fracasos se debe a factores intelectuales, mientras que alrededor de un 29% está originado por trastornos de aprendizaje, entre los que destaca la dislexia. La misma proporción se debe a factores emocionales de todo tipo, y un preocupante 10% lo ocupa el Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH). El fracaso escolar también puede darse como consecuencia de las dificultades en el aprendizaje acumuladas por el niño a lo largo de varios cursos, e incluso puede ser un síntoma claro de la inadaptación del niño al centro escolar, debido a planes pedagógicos mal concebidos, organizados y orientados, con exigencias excesivas y formas de enseñanza ineficaces.
Dar con el origen del problema, primer paso para superarlo
El fracaso escolar es uno de los problemas más graves que sufren en la actualidad los sistemas educativos. La trascendencia de sus consecuencias, que sobrepasan el ámbito escolar, y su extensión, en mayor o menor grado por todos los países desarrollados, justifican el interés de instituciones y asociaciones de docentes y de padres por paliar sus efectos. Los datos avalan el alcance de esta realidad. Así, el 72% del desempleo de los menores de 25 años tiene relación estrecha con el abandono de los estudios y el fracaso escolar. Según datos del Instituto Nacional de Calidad y Evaluación (INCE), casi la tercera parte de los alumnos adolescentes de nuestro país, estudiantes de ESO, obtiene calificaciones negativas. En la enseñanza media un 32% de los alumnos repite curso, un 35% no termina con éxito 2º de ESO, el 48% no supera el bachiller y en la universidad el abandono de los estudios ronda el 50%. En nuestro país uno de cada cuatro niños fracasa en sus estudios, con los consiguientes problemas que ello acarrea, incluidos los psíquicos. Matemáticas, lengua e inglés son las materias en las que se registra un mayor fracaso escolar. Frente a la media europea (20%), el índice español de fracaso, cerca del 29%, sólo es superado por Portugal, con algo más del 45%. Las estadísticas oficiales indican que la Comunidad con mayor fracaso escolar es Canarias, con un 35,8%, mientras que la de Asturias es la más baja con un 14,4%, seguida de Navarra, con un 17,3% y la Comunidad Autónoma Vasca, con un 17,5%.
Estos datos, unidos a los que reflejan el elevado nivel de absentismo escolar y de abandono, muestran la existencia de un alto grado de fracaso escolar que requiere una acción global alejada de la creencia de que los alumnos en apuros son «vagos» o «tontos». El hecho de que haya escolares con dificultades para superar con éxito las exigencias del sistema educativo implica no sólo factores individuales, sino educativos, sociales y culturales.